Así comenzó...
Torakusu Yamaha nació un 20 de abril de 1851. Era el tercer hijo de Takanosuke Yamaha, un samurái perteneciente al Tokugawa Shogunate en Kishu (actualmente la Prefectura de Wakayama) en el Japón del oeste. Como su padre estaba a cargo de los asuntos astronómicos y de supervivencia dentro de su clan, el joven Torakusu tuvo acceso a cientos de libros y equipo relacionado con las ciencias y la astronomía. Conforme fue creciendo, también lo hizo su interés y habilidades en terrenos mecánicos, construyendo de esta forma la personalidad que más tarde lo llevaría a convertirse en: “El Rey de los Instrumentos Musicales”.
Torakusu estaba lleno de entusiasmo por la inercia que traía la modernización que llegó por todo Japón luego de la Restauración Meiji (1868). En 1871, decidió mudarse a Nagasaki para estudiar el arte de reparar relojes bajo la mirada de los ingenieros británicos.
En ese entonces, todos los relojes existentes en Japón eran de origen extranjero. Torakusu imaginó que fabricar relojes de manera local sería de gran interés para el Japón.
Después de varios años de entrenamiento intensivo, Torakusu se convirtió en un experto fabricante de relojes. Ahora sus pensamientos estaban ocupados en fundar su propia compañía relojera. Sin embargo, esos planes fallarían a la hora de materializarlos por falta de recursos económicos suficientes.
En ese tiempo, Nagasaki era la capital de la primera escuela médica japonesa del lado oeste. Torakusu dio un golpe de timón y cambió sus planes hacia la inclusión y reparación de relojes en los equipos médicos. Para dominar el tema, decidió mudarse a Osaka donde obtuvo un empleo como parte de una oficina de equipo médico.
Un día, en 1884 el equipo para cirugía del Hospital en Hamamatsu se descompuso, y nadie ahí tenía idea alguna de cómo repararlo. Torakusu fue enviado a Hamamatsu para hacer un chequeo y las reparaciones pertinentes.
Tres años más tarde (1887) sucedió otra falla inesperada que requirió los servicios de Torakusu. Un órgano Baby Reed americano perteneciente a la Escuela Primaria de Hamamatsu repentinamente se rehusó a seguir funcionando.
El órgano era un artículo muy valioso. Se guardaba bajo llave y era considerado por la localidad como uno de los tesoros, no sólo de la Prefectura de Hamamatsu, sino también de la más cercana, Shizuoka.